El Llanto

El viejito encuentra un niño que llora en un portal.

“ ¿Qué te pasa, porqué llorás?”

“ Porque no puedo hacer lo que hacen los hombres...”

El viejo se puso junto a  él y también se puso a llorar

Anónimo

 

Clarin.com

Opinión   07/09/15

El miedo a bajar las ventanillas

Magda Tagtachian - Pasiones argentinas

Ayudemos a Joaquín, decía en marcador colorado sobre una cartulina, y había un corazón rojo pintado al lado de la foto de un bebé. Un chico de unos 20 y tantos sostenía la lámina frente a los conductores aletargados detenidos en el semáforo. El joven del letrero miraba a cada uno, fijo y desafiante. Nunca hizo un ademán de nada. Apenas si se movió. Y pasó sosteniendo su cartel entre los autos. No pidió. No habló. No amagó. Por sus ojos negros se abría una grieta. La posibilidad de acudir a un hospital, a un pariente, a alguien que lo ayudara. O la desesperación de pararse bajo la lluvia, de noche, a pedir con cartel, un corazón rojo y una foto.
Más de uno dudó en bajar el vidrio. En darle una moneda. Dos o tres se habrán preguntado qué necesitaba de verdad ese chico. Y qué le pasaría a Joaquín. La duda fue tan larga que la luz se puso verde y la mirada del chico se confundió con la rabia y la tristeza de no saber ni cómo ayudar. En el camino, altura Retiro, otro pibe descalzo con los ojos pesados de pegamento, zigzagueaba entre los coches. Y unas avenidas más allá, un vago se tambaleaba delante de otro parabrisas. Está parado casi siempre en esa esquina de Zapata y Lacroze. A veces golpea fuerte la puerta de los autos. Muchos se asustan.
No está bueno tener miedo de bajar la ventanilla. No está bueno especular quién tiene cara de chorro y quién no. No está bueno perder esa pasión espontánea de ayudar. El que pide puede ser ladrón. Y el ladrón también puede ser el que da. Mientras tanto, Joaquín espera un corazón.

Magda Tagtachian

mtagtachian@clarin.com

 

Clarin.com   Sociedad   08/09/15

Postales que hacen bien

pasiones argentinas

Diego Geddes   dgeddes@clarin.com

La mujer que sopla burbujas de jabón en la estación 9 de Julio. Libertador, de noche, con las ventanillas bajas. Una porción en Las Cuartetas (o Güerrin o el Palacio de la Pizza). El momento en el que aparece el río después de una larga caminata por la Reserva Ecológica. El vecino que saca a pasear a su perro y levanta lo que éste suelta en la vereda (los comuneros deberían ser ellos y no los mismos punteros de siempre, ahora con un nombre políticamente correcto).

Los dibujos gigantes en las paredes de los edificios (esta es nueva, ojalá descubra más). Los que sacan la parrilla a la calle y hacen un asado. Calamaro y los dos discos en vivo que viene de sacar ("Voy a salir, a caminar solito..."). Un café en un bar, en cualquier barrio de la ciudad (un café y un buen texto, en un diario o en un libro).

Los chicos que juegan a la pelota en la calle (todavía quedan algunos: los pibes de Piedras y Finocchieto, por ejemplo). Cuando gana tu equipo de fútbol y ves a otro con la camiseta puesta (esa mirada cómplice de felicidad).

El galope de los caballos en Palermo, un lunes cualquiera, siempre en Palermo. Una buena charla con el taxista. El recuerdo de los que no están con nosotros cada vez que andamos solos por la ciudad. Pequeños brotes de pasiones cotidianas, sencillas, necesarias.

Sentir que hay una fuerza poderosa, inexplicable, que te hace pensar en ellos cada vez que la estás pasando bien. A veces nos cuesta un poco más darnos cuenta, pero Buenos Aires nos regala todos los días un montón de postales como éstas.

 

Clarin.com   Opinión   10/09/15

Enseñanza de un millonario

Gonzalo Sánchez,

pasiones argentinas

A comienzos de los 2000, por esas cosas del periodismo, conocí a un cirujano convertido en millonario. Me quedó esa idea después de verlo dos veces, primero en Puerto Madero, y luego en esa trinchera del menemismo lustroso que supo ser el Museo Renault. El origen de su fortuna había sido la creación de una póliza de salud para el grupo minúsculo de los argentinos acaudalados, que funcionaba así: cuando el último diagnóstico posible en el país indicaba que no podía hacerse más por la vida del paciente, entonces se jalaba el gatillo del seguro médico y el convaleciente era trasladado a los mejores hospitales del mundo para hacer uso de la opción de oro con los máximos referentes de cada especialidad. Una especie de “last chance” de lujo para dilatar, quién sabe cuánto, la llegada a la terminal inapelable.
El millonario había ganado tanto dinero que no sabía en qué gastarlo y se había comprado una finca patagónica al borde de un lago y cerca de la cabaña de Billy The Kid. Quería convertir el sitio en un barrio para ricos. No fue su plan babilónico lo que me impactó, sino que se trató de mi primer gurú de la autoayuda. En nuestras charlas, él me aconsejó romper los espacios de confort, huir de la seguridad de la reiteración e ingresar en zonas de estrés para concretar los deseos. No volví a verlo. Pero aún recuerdo la forma cómo me lo contó (dibujando cuadros en una servilleta, sin huella de pasión) y cómo apareció la enseñanza detrás de aquel personaje enchapado de frivolidad. Con él aprendí que lo mejor para andar por la vida es tirar los prejuicios a la basura.

Gonzalo Sánchez

gsanchez@clarin.com

 

Clarin.com   Opinión   11/09/15

La máquina contra el olvido

Pablo Calvo,

pasiones argentinas

Pablo Calvo   @pablincalvo   pcalvo@clarin.com

Una pasión es recordar, nunca olvidar a las víctimas de las tragedias de aquí y allá, donde siempre hay un argentino. Y para eso se ha inventado en Nueva York una expendedora de memoria, colocada justo en el espacio donde ocurrió el peor atentado en la historia de los EE.UU. Sí, una máquina, sobre la West Street, que parece un cajero automático y emite tarjetas con los nombres de las personas que murieron allí hace 14 años, cuando dos aviones derrumbaron las Torres Gemelas.
Se puede pedir información sobre argentinos y la ubicación exacta de sus nombres tallados en los dos estanques que se construyeron en el vacío de los edificios originales. La computadora busca y deja caer en un hueco inferior, como si fuera una lata de gaseosa, un cartoncito de 8 por 14 centímetros titulado “9/11 Memorial”. Aparece el nombre de Willian A. Chalcoff, que los EE.UU. dan como argentino y Argentina da como norteamericano, porque obtuvo la nacionalidad estadounidense un año antes. Guillermo Chalcoff trabajaba en sistemas informáticos. Y por su situación migratoria no figuraba en la placa homenaje a las víctimas que Kirchner puso en el Consulado. También aparece la tarjeta de Gabriela Silvina Waisman, asistente a una feria de tecnología en el piso 106. Y la de Sergio Villanueva, bombero de NY, que planeaba casarse cuando, de franco, decidió retornar al lugar del atentado, para ayudar. La búsqueda en la base de datos del paramédico rosarino Mario Luis Santoro y del broker Pedro Grehan se complica. Ya esa altura, los ojos se empañan y no dejan ver bien la botonera.

Pablo Calvo

pcalvo@clarin.com

Clarin.com  Sociedad  12/09/15

Los perros nos llevan de paseo

Pasiones argentinas.

Horacio Convertini

hconvertini@clarin.com

Cuándo perdimos la guerra con los perros, se pregunta luego de saltar a la calzada para no ser arrollado por una docena de bestias que llevan a la rastra a un sudoroso paseador. En qué momento conquistaron las calles, se llevaron el silencio, coparon las plazas. En qué momento ganaron los balcones, piensa, cuando advierte que un chihuahua le ladra con odio desde un primer piso. Ni hablar de las veredas, nuestras veredas, convertidas en letrinas a cielo abierto por estas criaturas que comen y deponen como emperadores romanos. ¿Habrá sido culpa de Sofovich y de Portal, que impusieron en la televisión de los 80 que el amor por las mascotas es la pasión más sublime que puede sentir un argentino? ¿O habrá sido de Tinelli, correteando canes de bolsillo en la pista de ShowMatch?
Llega a su edificio. Ve salir a la del cuarto C con sus tres perros. La mujer no lo saluda más desde que él no quiso compartir el ascensor con la jauría. “Usted no tiene corazón”, le dijo indignada la vecina aquella vez, después de que él le citara un inciso improbable del reglamento de copropiedad.
Fue un quiebre. Ahora todos lo miran mal. Abre la puerta de su dos ambientes. Se pregunta cuál será el destino de la carta que acaba de mandarles a las autoridades. Se trata de una petición para que en los parques habiliten “humaniles”. No exige mucho. Un rincón apenas, con algo de césped y sombra, resguardado de hocicos buscones, “regalitos”, chumbidos. Nada, comparado a todo lo que perdimos

 

Clarin.com   Sociedad   14/09/15

La flor, fiesta de los sentidos

pasiones argentinas

Laura Haimovichi   lhaimovich@clarin.com

Decidió salir a caminar para capturar con la lente de su Nikon D 300 la belleza latente que se presentaba a su paso. De todo lo que se ofrecía, eligió las flores: la adesmia amarilla, la pimpinela violácea, el calafate naranja, la blanca inmaculada nieve de verano y otros cientos de ejemplares trepadoras, perennes, rastreras, medicinales, caducas, sutiles o robustas. Aprendió nombres en latín: embothrium coccineum, gavilea australis, myosotis lamottiana y descubrió que la naturaleza regala souvenirs en los sitios más insospechados y aun en el clima extremo de una isla como Tierra del Fuego, donde vivía trabajando en una farmacia por las mañanas.

Perla Bollo, cordobesa, bioquímica, curiosa, caminó días y días, durante primavera y verano, por los paisajes variados de la isla austral con su mirada atenta y peregrina. No le importaba enfrentar el silencio del bosque, la soledad de la montaña, la hostilidad del clima, las dificultades del suelo.

Perla quería guardar para sí y para compartir con otros, en un libro, la multiplicidad de modelos botánicos abiertos a sus ojos, siempre exploradores. Una fiesta de color en los detalles de los estigmas, los sépalos, los pétalos, los estambres.

Flores en sus formas más originales y perfectas, las responsables de buena parte de la hermosura en la Tierra y de la perpetuación de las especies, las suyas. De Ushuaia y de los increíbles territorios vecinos. Macrofotografía con una cámara y distintos objetivos. Testimonio de la maravilla, verdadera pasión de la sabia naturaleza.

 

Dietas que no llegan a nacer

Clarín   15 Sep 2015   Pasiones Argentinas

Miguel Jurado   mjurado@clarin.com

Mientras escuchaba al médico, Gabriela estaba segura de que siempre había sido vata. “Vata es rápido, frío y seco por naturaleza. Gobierna el movimiento, la respiración, la circulación, la eliminación y los impulsos nerviosos”, le explicaba lentamente el doctor. Al mismo tiempo, le mostraba un gráfico con los tres principios básicos que gobiernan mente y cuerpo según la medicina ayurveda. Cuando el médico le empezó a describir a pitta, el segundo principio natural, Gabriela también sintió que ése era su caso. “Pitta es lo caliente y preciso, lo que gobierna la digestión, el metabolismo y el procesamiento de los alimentos, el aire y el agua a través del cuerpo”, dijo el médico. Por suerte, Gaby se dio cuenta que no tenía nada del tercer dosha ayurvédico: kapha. Aquéllo que es sólido y estable por naturaleza.

Tantos años de buscar una vida saludable y en armonía con el cosmos parecían llegar a su fin. Estaba escuchando fascinada los por- menores filosóficos de la milenaria medicina hindú, una ciencia que no podía fallar. Sentía que ahora podría restablecer el equilibrio cuerpo-mente. Alcanzar armonía en todo: trabajo, pareja, amistades y familia. Basta de la comida chatarra y la eterna tentación de los postres, esa pasión tan culposa. Comer sano y natural la convertiría en una persona más íntegra y combatiría todos sus desequilibrios.

Dejó el consultorio convencida de que dieta y medicinas naturales le darían la respuesta que necesitaba. No se sorprendió al verse comprando un paquete de chizitos en el kiosco de la esquina. “Mañana empiezo”, pensó.

 

Clarin.com   Opinión   16/09/15

Inconfundible aroma a subte

pasiones argentinas

Hernán Firpo   hfirpo@clarin.com

A veces es lindo que haya gente alrededor de uno. El calor humano del subte nos hizo un poco enfermitos y fóbicos, es verdad, pero todo esto tuvo que ver con el comienzo de las redes sociales. Como decía un tolerante marca Gandhi, “no hay mal que por bien no venga.” En fin, el amontonamiento en hora pico propició el mundo de la asistencia virtual, donde los contactos humanos perseveran sin tener que viajar ropa a ropa en la Línea C. Fue el subte el que, indirectamente, creó la necesidad de Facebook. Nótese que Facebook te rodea de amigos, aunque esa relación amuchada en realidad surgió de un aborrecimiento, una manía inconfesable: portar un bisonte muerto bajo la axila. Igual, Facebook se las arregló para que todo pareciera una ONG.
Después de una ola de hurtos subterráneos se inventó Twitter. La “T” es por tres tipos, dos oficinistas y un ventrílocuo, que se re-unieron en un andén de la estación Catedral, igualados en el robo de sus smartphones. Llamaron a un Juan Carr que conocían y armaron, primero, un club de desahuciados: a los tres les habían robado sus personalidades. Luego concluyeron que la proximidad humana de ese medio de transporte hacía peligrar el ADN de los pasajeros. Y no sólo eso. El subte creó el mercado de los anti transpirantes y cada vez que una marca saca fragancia nueva y protectora, bien podría responder a las apartadas frecuencias de la Línea D, que obligan a viajar uno adentro de otro. El otro día, una señora parecida a Moria Casán, misma edad, mismo labios, regurgitó a tres pasajeros. Dos de ellos oficinistas y el tercero, ventrílocuo.

 

Clarin.com   Opinión   18/09/15

El arte del choripán

pasiones argentinas

Pablo Calvo  @pablincalvo  pcalvo@clarin.com

De lunes a viernes, Sergio es sodero, uno de los últimos oficios puerta a puerta que aún quedan. Es un trabajo basado en la confianza: él toca timbre y sus clientes le abren la puerta de inmediato, una escena que la inseguridad ha condenado casi al olvido.
Pero Sergio no es un proveedor común, porque hace un tiempo se corrió la voz de su verdadera destreza, la de hacer asados para muchos invitados y, lo más difícil, dejar satisfechos a todos. Lo descubrieron en Sarandí, haciendo los choripanes para los festejos del décimo aniversario de una peluquería, en la que había hasta pelados. Por la maestría del asador, pero sobre todo por el carácter gratuito que tuvo esa noche el sánguche pasión nacional, se agolpó una multitud ante su delantal.
Cuentan que lo vieron estudiando a los Bomberos de Sarandí, quienes los sábados, en una plaza de la avenida Belgrano, cortan la calle y venden chorizos y bondiolas para recaudar fondos con los que mantener operativas a sus autobombas. Y que la técnica fue apuntalada en la infancia por los consejos de su padre, soldador de parrillas y lector de páginas que luego apelotonaba, para encender el fuego. Por estos días, Sergio maneja su camioneta por el sur bonaerense cargado de sifones y esperanzas. Sueña con una parrilla propia y servir las mejoras mollejas. Aun a riesgo de perder plata, le satisface dejar contentos a los demás. Por ahora, se conforma con juntar unos pesos extras vendiendo choripanes a los hinchas de Racing o Independiente que, domingo por medio, pasan por la esquina de Alsina y Palaá. Y con la soda, va tirando.

 

Clarin.com

Sociedad   19/09/15

La religión del eufemismo

Pasiones argentinas.   pasiones argentinas

Marcelo A. Moreno  mmoreno@clarin.com

La corrección política y esos buenos deseos generalizados que derivan del culto al optimismo -flamante pasión importada-, llevan a malformaciones no sólo de concepto sino, encima, visuales. Lo que hace que uno, de golpe y porrazo, se termine preguntando si las cosas son como el sano entendimiento las dibuja.
“Usted es un tipo joven, con mucho por delante, déjeme de embromar con esas quejas”. Esto me lo repite, casi como una monserga o un mantra, una cantidad respetable de muy respetables médicos de diversas especialidades, kinesiólogos y afines. No necesito googlearlo para tener la más absoluta certeza de que un caballero que ha pasado los sesenta no es joven. Ni siquiera, maduro. Más bien, como en mi caso, se adentra en esa palabra que cada vez se pronuncia menos -soterrada por eufemismos como “adulto mayor” o “senior”-: vejez. Sí, ese tiempo penoso y terrible, cuyo mayor ejercicio consiste en gambetearle a la parca. “El problema es que usted está un poco gordo”; “sin duda, anda excedido en peso”. Aquí, la mentira piadosa radica en el verbo. Una confusión monumental entre ser y estar. Aunque es cierto que la mayor parte de mi vida fui flaco, progresivamente, en las últimas décadas, he devenido en gordo. No es, como reiteran, que esté sino que soy gordo. No se trata de una transición, sino de un rasgo de identidad.
Si esta malsana tendencia por torcer la realidad se profundiza, cuando la calvicie me sea irreversible, médicos y amigos me felicitarán por lo bien que me queda el pelo corto.

 

Clarin.com   Sociedad   20/09/15

Facebook y el bar de la esquina

Opinión.

Leonardo Correa    lcorrea@clarin.com

Acaso alguien deja de salir a la calle porque hay accidentes, arrebatos, caos de tránsito o el colectivo al que subimos frena sin piedad? ¿Alguien deja de ir a comer afuera porque puede sufrir una intoxicación? ¿Quién dejó de ir al bar de la esquina, a la plaza, al patio en el recreo? Es imposible. Somos sociales por definición y necesitamos el contacto con los otros para sonreír, discutir, saber, sentir. Así vivimos. Y ahora la tecnología sumó más espacios públicos, tan imposibles de abandonar como los de siempre. ¿Qué pasa si me borro de Facebook? Me pierdo las fotos de ayer y de hoy, las ideas de los demás, las discusiones. Y hasta la chance de saludar por los cumpleaños. ¿Y sin WhatsApp? Peor. Incomunicación total. Para muchos sería como faltar a una reunión de padres permanente. No hay escapatoria. Aunque cueste entregarle muchos de nuestros secretos a cuatro o cinco empresas privadas con sede en California. Mejor usarlas, pero con cuidado y sentido crítico, tratando de ponerles límites desde la experiencia de usuarios. Mejor usarlas, y no perderse la vida que nos tocó vivir. 

 

Clarin.com   Opinión   20/09/15

Las mujeres son muy raras

Fernando Sendra,

pasiones argentinas

Las mujeres son muy raras porque son como los hombres, que son muy raros. Los hombres, por ejemplo, se reúnen en grupos y hablan de cosas que sólo a ellos les interesan: la hermana del herrero o la cajera de la panadería. Eso es raro. Y algo así también hacen las mujeres.
Los hombres hacen cosas extrañísimas desde que son chiquitos, como jugar o mirar películas, que son cosas que no sirven para nada. Y se pasan horas con los juguetes, haciendo cosas que no tienen demasiado sentido. Eso es muy raro y las mujeres también lo hacen.
Además, los hombres a veces piensan en cosas que ya pasaron, como gente que ya no ven o cosas que ya no hacen y les agarra una cosa que se llama “nostalgia”. Eso los lleva a escribir, o caminar solos, o mirar el horizonte un rato largo y quedarse otro rato largo observando cómo vuelan algunos pájaros. Eso es rarísimo, y las mujeres lo hacen.
Otras veces los hombres fuman, que es más raro que no sé qué; o pasean en auto mirando lo que pasa afuera, sin que les importe mucho. Sólo manejan y miran, y encima corren el riesgo de que los asalten en un semáforo; o van a un shopping, sin necesidad de comprar nada y hasta sin el dinero suficiente para hacer una compra, si es que surgiera. ¡Eso es demasiado extraño! Pero ocurre que las mujeres también hacen eso.
De ahí que siempre pienso: ¡qué raras que son las mujeres, que son como los hombres, que son muy raros! Pero en los hombres se justifica, porque los hombres son así. En cambio, las mujeres son muy raras.

Fernando Sendra

fernandosendra@clarin.com

 

Clarin.com  Deportes  Fútbol  22/09/15

Este fútbol, en esta sociedad

Opinión.

Boca Juniors carlos tevez Ezequiel Ham Fractura De Tibia Y Peroné

Sergio Danishewsky

sdanishewsky@clarin.com

No está en discusión: en estas horas en las que el fútbol argentino avergüenza, la mira está puesta en dos actores principales. Se apunta a los jugadores, de quienes alguna vez se dijo con evidente ingenuidad que son lo más sano que tiene el fútbol. Y se apunta también a los árbitros por permisivos, ignorantes de las reglas o dueños de ambos atributos, aunque existan las excepciones.

No vendría mal, además de ese señalamiento obvio, mirarse al espejo para intentar ver qué nos pasa y cómo se llegó a semejante estado de histeria y de miserabilidad.

Por ejemplo, ¿no tendremos algo que ver cuando, transformados de futboleros en masificados, arrancamos cantando “que esta tarde, cueste lo que cueste”, seguimos con el “movete, fulano, movete” y cerramos con el “por qué no se van todos a la.....” si las cosas no salieron?

¿Cuántos analistas del fútbol caen víctimas de la parcialidad para analizar patadas y deslealtades varias según la camiseta que porta el agresor? Surge una memoria curiosamente selectiva para criticar la entrada de Tevez y compararla enseguida con la de Vangioni ante el Burrito Martínez, mientras otros, con igual ceguera, le facturan más a Carlitos aquella “Gallinita” que esta temeridad.

Se empezará a avanzar en el asunto cuando entendamos que todos, jugadores, árbitros e hinchas, integramos la misma sociedad. Y que casi no nos escandalizamos cuando un jugador acusa a otro de haberle dicho “negro de mierda” en el mismo partido de la patada del fin de semana.

Diez días atrás, el mexicano Romero fracturó al inglés Shaw en un PSV-Manchester United. El público holandés despidió con aplausos la salida en camilla del rival. Cuando esa escena no nos resulte propia de marcianos, habremos dado el primer paso.

 

Darse una vuelta por la nostalgia

Clarín  22 Sep 2015

Eduardo Castiglione ecastiglione@clarin.com

Dónde, cómo, cuándo, se terminó todo aquello que nos hizo tan felices? Subir a la planta de moras y comerlas hasta que las boqueras nos dijeran ¡basta! Y al otro día, la de nísperos. Entrar a las pocas casaquintas de la zona y munirnos de mandarinas y naranjas sin esfuerzo. Mucho, pero mucho, fútbol en los potreros y ¡minga de aflojar en el cabeza, mano a mano, con la Pulpo de goma y en la vereda! Las carreras en bicicletas por las calles de tierra porque, si hiciera falta decirlo, muchos no nacimos en cuna de oro ni sobre calles asfaltadas. La delicia de beber fresquita el agua de bomba. La astucia de llegar a tiempo a la carnicería y regresar siempre con la esencial tapa de chiquizuela para un puchero estremecedor. La picardía de ir de a dos, como mínimo, a juntar monedas a la iglesia cuando se anunciaban casamientos al mediodía, con padrinos generosos. La gomera para destrozar alguna lamparita que alumbraba una esquina cualquiera y la Plastibol inatajable, aquel ba- lón de plástico con los que se ajusticiaba más fácil a los arqueritos en el “mete gol entra.” Después, el Wincofón para esos asaltos juveniles, academias que nos enseñaron a besar con el trío Los Panchos. Y un día desembarcaron Los Beatles con el disco que cambió todo: de una lado, “Twist y Gritos”; del otro, “Sally La Lunga.” Más adelante Joan Manuel Serrat nos enamoró con “Tu nombre me sabe a hierba”. Hoy, comprobamos que todo aquello lo vivimos, aunque entonces no lo supiéramos, con genuina pasión. ¿Pasó tan de golpe? Vaya uno a saberlo. Eso sí: después crecimos. Nos hicimos grandes.

 

Ingenio

La mujer recién divorciada, pasó el primer día muy triste empacando sus cosas en baúles y maletas y su mobiliario en grandes cajas.

El segundo día vinieron y recogieron sus pertenencias y muebles. Al tercer día se sentó en el suelo del comedor vacío, puso música suave, dos velas, dos kilos de langostinos, un plato de caviar (Erzats, por supuesto...) y una botella de vino blanco frío hasta más no poder. Cuando terminó de comer, desmontó todas las barras de las cortinas de cada cuarto, les quitó los tapones de los extremos y dentro les puso las sobras de langostinos y caviar. Luego las colocó de nuevo con sus tapones en los extremos.

Cuando el marido regresó a la casa se mudó con nuevos muebles y con nueva novia. Todo fue perfecto los primeros días. Lentamente, la casa empezó a oler feo.

Trataron de todo, limpiaron, trapearon y airearon toda la casa. Los ventiladores fueron chequeados por si hubiera ratones muertos y las alfombras fueron lavadas.

En cada esquina se colgaron perfumadores de aire. Se gastaron cientos de desodorantes de ambientes. Hasta pagaron para cambiar todas las caras alfombras de la casa.

Nada funcionó.

Nadie volvió a visitarlos, los trabajadores se negaban a trabajar en la casa y hasta la mucama renunció.

Finalmente, el ex-marido y la novia tuvieron que irse de allí ya desesperados.

Todavía al mes no habían encontrado a quién venderle la hedionda casa. Inclusive los vendedores se negaban a responder a sus llamadas. Decidieron gastar muchísimo dinero comprando una nueva casa.

La ex esposa llamó al hombre para asuntos del divorcio y le preguntó cómo estaba. Él le contestó que bien, que estaba vendiendo la casa pero sin decirle las verdaderas razones.

Ella lo escuchó con mucha calma y le dijo que extrañaba mucho la casa y que hablaría con los abogados para arreglar los papeles con tal de conseguir la casa de nuevo.

Sabiendo que su ex esposa no tenía la menor idea del mal olor, él aceptó la negociación por una décima parte del precio real de la casa con tal de que ella firmara ese mismo día.

Ella aceptó y en menos de una hora él le mandó los papeles para firmarlos.

Una semana más tarde el hombre y su novia se pararon en la puerta de la vieja casa con una sonrisa en los labios viendo cómo empacaban todos sus muebles y los metían en un camión camino a su nueva casa ... incluyendo las barras de cortinas.

Moraleja; Lo dejo a tu criterio!!!!!

SHAYA

En Brooklyn, Nueva York, existe una escuela para niños que tienen lento aprendizaje. Algunos niños pasan ahí el resto de su vida escolar, mientras otros pueden ser enviados a otras escuelas convencionales.

En una cena que tuvieron personal de la escuela, estaba el padre de uno de estos niños preparando un discurso para que nunca lo pudieran olvidar todos los que lo escucharan. Después de la cena todo el staff puso atención en lo que el padre iba a declarar y dijo:

“¿Donde esta la perfección en mi hijo Shaya?

Se supone que todo lo que Dios hace esta hecho a la perfección. Pero mi niño no puede entender cosas que otros niños entienden. Mi niño no puede recordar hechos y figuras que otros niños recuerdan. ¿Donde esta la perfección de Dios?”

La audiencia quedo sorprendida ante esta pregunta viendo la cara angustiada del padre y murmurando entre ellos.

"Yo creo" continuó el padre. "Que cuando Dios brinda un niño así al mundo, la perfección de El, es la forma de reaccionar de la gente ante estos  niños.”

El después contó la siguiente historia acerca de su hijo Shaya:

Una tarde Shaya y su padre caminaban en el parque donde algunos niños estaban jugando béisbol.

- ¿Crees que ellos me dejaran jugar?

El padre de Shaya sabia que su hijo no era para nada un atleta y que los niños no lo querrían a el en su equipo. Pero el papá de Shaya entendió que había escogido jugar béisbol porque le daba a el una confortable idea de pertenecer a un grupo de niños "normales".

El padre de Shaya llamo a uno de los niños en el campo y pregunto si Shaya podía jugar. El chico miro a sus compañeros de equipo. Obteniendo ninguna respuesta de ellos, el tomo la resolución con sus propias manos y dijo:

- Nosotros estamos perdiendo por 6 carreras y el juego esta en la octava entrada. Yo creo que el puede estar en nuestro equipo y nosotros trataremos de colocarlo a él al bate en la novena entrada.

El padre de Shaya estaba atónito ante la respuesta del niño y Shaya sonrió satisfactoriamente.

Shaya estaba diciendo que lo pusieran en una base y así dejaría de jugar en corto tiempo justo al final de la octava entrada pero los niños hicieron caso omiso a lo que Shaya decía, el juego se estaba poniendo bueno, el equipo de Shaya anoto de nuevo y ahora estaba con dos outs y las bases llenas con el mejor jugador de todos corriendo a base, y Shaya estaba preparado para empezar.

¿Dejaría el equipo realmente que Shaya fuera al bate y dejar ir la oportunidad de ganar el juego? 

Sorpresivamente, Shaya estaba tomando el bate.

Todos pensaron que todo había terminado, porque Shaya no sabia ni siquiera como tomar el bate apropiadamente.

De cualquier forma, cuando Shaya estaba parado en el plato, el pitcher se movió algunos pasos para lanzar la pelota suavemente para que Shaya pudiera al menos hacer contacto con ella.

La primera bola venia y Shaya falló. Uno de sus compañeros de equipo se acercó a Shaya y juntos tomaron el bate y encararon al pitcher esperando por la siguiente bola.

El pitcher volvió a dar unos pasos para lanzar suavemente la pelota a Shaya. 

Cuando el pitcher venia para home, Shaya y su compañero tomaron el bar y juntos, ellos dieron un golpe lento a la pelota que regresó inmediatamente a manos del pitcher.

El pitcher tomo la pelota y pudiendo fácilmente lanzar la pelota a primera base, poniendo out a Shaya para que terminara rápidamente de jugar quedando fuera.

Instantáneamente el pitcher tomo la pelota y lanzo la pelota lo mas lejos que pudo de primera base.

Todos empezaron a gritar "!Shaya corre a primera, corre a primera!" Nunca en su vida Shaya había corrido a primera base. .

El vio toda la línea de juego donde le indicaban cual era la primera base. Al tiempo el corrió a primera base, el jardinero derecho tenia la bola en sus manos. 

El podía lanzar la bola a la persona de la segunda base y dejar fuera a Shaya que estaba todavía corriendo, pero el jardinero entendió las intenciones del  pitcher y lanzo la bola lo mas alto y lejos de la segunda base. 

Todos gritaron "!Corre a segunda, corre a segunda!" Shaya corrió a segunda base y los demás corredores junto con el corrían y le daban animo para que el continuara su carrera a la segunda base. 

Cuando Shaya toco la segunda base, el opositor paro de correr hacia el, le mostró la dirección de la tercera base y grito.

"!Corre a tercera !" Conforme corría a tercera base, los niños de los dos equipos ya estaban corriendo junto a el gritando todos a una sola voz “¡Shaya corre a home!" Shaya corrió rumbo al pentágono y paro justo en al plato de home donde todos los 18 niños lo alzaron en sus hombros y lo hicieron sentir un héroe, mientras el sabia que había hecho "una gran carrera" y gano el juego por su equipo.

”Aquel día,” - dijo el padre de Shaya suavemente con lagrimas rodando por sus mejillas. "Aquellos 18 niños mostraron con un gran nivel la perfección de Dios".

Autor Anónimo

 “Al que gana lo ven macho y valiente, como un héroe”

 “Alejandro no te pongas triste por salir segundo, ojalá salgas siempre subcampeón y puedas estar en el palco de los torneos y recibir premios, alegrate, disfruta que pronto saldrás primero, es sólo una cuestión de tiempo.” Estas fueron las palabras de mi padre cuando, siendo adolescente, perdí varias finales en campeonatos nacionales de tenis, luego fui campeón juvenil nacional en 1981 y representé a la Argentina en torneos sudamericanos y mundiales. Ser segundo en algo no debiera ser dramático, pero por lo visto lo es. ¿Me pregunto entonces qué se siente saliendo, tercero, cuarto, quinto u octavo?

Hace décadas comenzó este modismo de enaltecer al campeón y el olvido de quién o quiénes salían segundos, como si realmente fueran parias. Se ha vuelto una mala costumbre calificar al subcampeón como “pecho frío” o “cobarde”. No ser campeón en la actualidad es tomado en forma trágica y justifica todo tipo de escarnio. Los auspiciantes, dirigentes, casi en su totalidad, se han vuelto triunfalistas y parece ser que el único motivo de alegría es salir primero. Salir segundo se asimila a ser un perdedor. Se ha llegado a decir: “Yo prefiero salir octavo y no segundo, esto es lo peor”. Y lo lamentable es que muchos piensan así, lo que denota el grave deterioro que han sufrido nuestras mentes y las de los deportistas, ya que solo es un “Macho” el número 1. De este modo, se ha pretendido transformar en un “súper héroe” al campeón y no lo es.

No se debe exacerbar a estos extremos el triunfo, tampoco la derrota. El mundo seguirá igual para los mortales, salvo para los protagonistas de esta final deportiva que seguro tendrán jugosos contratos, como ya está pasando. No obstante, todo esto no eliminará la corrupción, la inseguridad, el desempleó, la inflación, la pobreza y el narcotráfico y la deshonestidad de los funcionarios que se enriquecen con dinero que no les corresponde. El deporte es importantísimo y un complemento que ayuda a vivir mejor, por eso no debemos aceptar que quien triunfa en él es un ganador, un macho, un corajudo, un valiente. En una palabra, un héroe. Pero sólo es un gran deportista y el mejor en la profesión que eligió para transitar su vida.

Alejandro Olmedo Zumarán
alejandroolmedozumaran@fibertel.com.ar

www.clarin.com Cartas al Pais 7/8/2014


 “Se puede ser campeón aun sin ganar la Copa”

Hace más de una semana terminó el Mundial. Regresamos a nuestra vida normal. Nuestros jugadores entregaron todo por traer la Copa del Mundo a la Argentina, y aunque no pudieron conseguir ese objetivo, me siento orgulloso por su entrega y dedicación. Hay derrotas que son a veces más valiosas que una victoria. Vivimos en una sociedad triunfalista, donde parece que sólo hay lugar para el campeón, para el más destacado, para el que llega primero.

Se puede ser un campeón sin tener ninguna copa. Por supuesto que preferíamos ganar, y de hecho, creo que merecimos hacerlo, pero llegamos a tener un segundo puesto en el deporte más popular del mundo, y donde más de 200 naciones en el planeta anhelarían estar. Supimos ganar y supimos perder, sin pegar patadas, ni haciendo papelones, ni quejándonos del arbitraje, ni buscando culpas ajenas ... con altura. Este equipo (cuerpo técnico y jugadores) nos dio una lección acerca de lo que es un buen liderazgo: humilde, silencioso, solidario, sacrificado; en síntesis, buscando más el interés general, que el particular. Cada uno de nosotros hemos tenido triunfos y fracasos en la vida, pero aún en las derrotas podemos ser unos campeones si nos volvemos a levantar y seguimos adelante.

Podemos ser unos campeones sin una Copa. Podemos ser campeones que luchan en silencio cada día para salir adelante. Podemos ser campeones si nos volvemos a levantar. Podemos ser unos campeones si decidimos dejar el pasado. Podemos ser unos campeones si lo volvemos a intentar. Podemos ser unos campeones si miramos el futuro con fe. Podemos ser unos campeones aunque nadie nos dé un premio.

Podemos ser unos campeones si valoramos lo que hoy tenemos, dejamos las quejas de lado y le damos gracias a Dios por cada minuto de esta preciosa vida que nos ha regalado.

Ricardo Bedrossian ricardobedrossian@hotmail.com

 


El Fútbol Infantil

Carlos Blanco

 En el transcurrir de la enseñanza del fútbol infantil en Instituciones de barrio a niños de hasta 13 años de edad, he observado ciertas actitudes de los mayores en el acompañamiento de este juego que es un entretenimiento para los pequeños

Es aconsejable que la familia, los padres, acompañen a los hijos en el aprendizaje en la medida de captación de las enseñanzas de cada niño. Dejarlos actuar libremente y que se diviertan con sus amigos. A veces se hace más duro para el que no juega tanto y no para  otros que entienden rápidamente el juego. Y esto sucede en distintas edades en cada caso. Este hecho disciplina tanto sea en el fútbol como en otro deporte

Luego los chicos compiten. Se puede jugar bien y no ganar. El niño debe sentir que se aprende ganando, empatando o perdiendo

La Institución compite. Pero no es un drama si no se gana. Lo importante es tratar que jueguen todos los chicos

El equipo quiere ganar

Cuando salen a la cancha el equipo, los chicos, quieren ganar el partido. Los contrarios necesitan tener un oponente que desee ganar. Compitiendo se aprende

Es aquí cuando el Club compite y les resta posibilidades a los chicos menos aptos. Hay categorías donde juegan los más destacados y esto sirve para que un buen resultado les facilite jugar los otros. A veces ocurre y en otras ocasiones no ocurre. En estas últimas hay niños que necesitan más tiempo para captar las enseñanzas. Hay que esperarlos, tanto entrenadores como padres. Otra solución es cambiarles el deporte para que no se sientan mal con el nivel alcanzado por sus amiguitos del equipo que sale a ganar el partido. Otro deporte en el que se sientan más cómodos, que lo comprendan mejor, que disfruten y se diviertan más

El Club compite, pero no es una batalla. Los chicos deben aprender y los padres acompañar ese aprendizaje

También es fundamental que los niños sepan perder. Que sepan que el oponente también sale a ganar y eso es saludable. Que si perdemos debemos saludarlo al finalizar el partido. Que debemos saber perder, puesto que esto es pasajero. En esta enseñanza deben coincidir entrenadores y padres de los niños.  Siempre hay una revancha para poder revertir una derrota

Debemos dejar jugar libremente a los chicos. No debemos atosigarlos con indicaciones desde distintos lugares de la cancha y al mismo tiempo y distintas personas. Hay una persona designada para ese trabajo y responsabilidad. Esa persona es el entrenador que les da las indicaciones en los entrenamientos semanales y durante el partido en disputa. En el entretiempo se trata de corregir e indicar las fallas para el segundo tiempo. El chico pregunta y se charla antes y después del partido o en la semana de prácticas

Con muchas indicaciones al mismo tiempo y lugar, el chico no sabe que hacer y se anula. No progresa. Se siente mal. Cree que todo lo hace mal. Hay chicos que ya juegan en infantiles en clubes de la AFA y están más adelantados produciendo un desnivel en cada categoría.  Los mayores debemos explicar esta situación

Otros niños necesitan más tiempo y “explotan” al otro año. Los padres no deben resignarse a no seguir acompañándolos

Los chicos se tienen que divertir

Los partidos no se ganan solos. Los ganan todos. Es un equipo el que gana. Cada uno en su puesto y en su función. Tienen que jugar seis. Si el partido se desarrolla muy ajustadamente algunos jugarán menos. Otros no jugarán ese partido.  Debemos contenerlos entrenadores y padres. Debemos explicarles este momento cuando no es grato para algunos y que les puede llegar a todos los integrantes del equipo. Que deben aceptar esta situación, que también se puede repetir en muchas circunstancias futuras de su vida.

Hay categorías que en tres o cuatro años siempre están entre los primeros puestos en los torneos en disputa. Se conocen con sus similares de los otros clubes y esto es tema a lo largo de todo el año; los chicos miran durante la semana las tablas de posiciones y es admirable ver como las estudian y comentan las fechas siguientes

Con respecto a los que juegan menos tiempo en los partidos, repito, es duro. ¿ Qué padre no quiere que su hijo juegue siempre ? Esto no es posible. Y entonces hay padres que los llevan de club en club a través de los años de su niñez. Los cambian de ligas de fútbol infantil. Todo ello afecta a la criatura que pierde a sus amiguitos, su entorno social

Debemos pensar, fundamentalmente, en la formación de la persona y no en los resultados deportivos. No solo vienen al club para jugar y ganar. Vienen para ser buenos compañeros y tener buenos amigos que nunca olvidarán a lo largo de sus vidas

Carlos Blanco

 

Profesor de Fútbol Infantil